Robert Maillart y la lógica de los puentes de hormigón armado

Puente de arco de hormigón de **Robert Maillart** sobre un río rocoso, con colinas boscosas al fondo.

Escrito por

Álvaro Rentería

Publicado el

28 abr 2026

Índice

Robert Maillart transformó el modo de pensar los puentes de hormigón armado: no se conformó con hacerlos resistentes, quiso que también fueran eficientes, legibles y capaces de adaptarse al terreno. En este artículo repaso quién fue, qué aportó de verdad a la ingeniería estructural, cuáles son sus obras más representativas y qué lecciones siguen siendo útiles hoy para quien trabaja con puentes, cimentaciones y laderas. Si te interesa entender por qué algunas estructuras parecen inevitables y otras solo pesan, aquí hay bastante que aprovechar.

Lo esencial en pocas líneas

  • Maillart convirtió el hormigón armado en una herramienta para diseñar puentes más ligeros y más claros estructuralmente.
  • Su aportación no fue solo estética: cambió la relación entre arco, tablero y apoyos.
  • Obras como Salginatobel y Schwandbach muestran cómo ahorrar material sin perder eficacia.
  • Su legado es especialmente útil cuando el puente depende de una ladera, un desfiladero o una cimentación compleja.
  • La mejor forma de entenderlo no es copiar su forma, sino copiar su lógica.

Quién fue y por qué sigue siendo una referencia

La ETH Library recuerda que nació en Berna en 1872 y que estudió ingeniería estructural en Zúrich, en un momento en que el hormigón armado todavía estaba buscando su lenguaje propio. Eso importa más de lo que parece, porque Maillart no trabajó como un mero calculista; trabajó como alguien que quería que la forma estructural expresara con honestidad cómo viajan las cargas.

Yo lo veo como un ingeniero que entendió antes que muchos que un puente no se explica solo por su resistencia final, sino por la relación entre material, geometría, proceso constructivo y emplazamiento. En vez de forzar soluciones pesadas, buscó estructuras más limpias, con menos material y con una lectura visual casi inmediata. Esa claridad es una de las razones por las que todavía se estudia en escuelas de ingeniería y arquitectura.

Su importancia actual no depende de la nostalgia. Depende de que sus puentes siguen enseñando a pensar en términos de equilibrio, economía y adaptación al terreno, tres cosas que en obra real nunca conviene separar. Y precisamente por eso su obra conecta tan bien con la ingeniería geotécnica, donde el apoyo manda tanto como la superestructura.

Esa base biográfica es útil, pero lo que realmente cambió el tablero fue su manera de usar el hormigón armado como forma estructural y no solo como material de relleno.

Qué hizo distinto con el hormigón armado

Antes de Maillart, muchas estructuras de hormigón imitaban soluciones de piedra o de acero. Se usaba un material nuevo con formas viejas. Él hizo lo contrario: dejó que el material dictara una geometría más racional. La clave está en entender que el hormigón trabaja muy bien a compresión, mientras que el acero asume la tracción; cuando esa pareja se organiza bien, el puente puede adelgazar mucho sin volverse frágil.

La ASCE describe el Salginatobel como una innovación estructural de arco cajón hueco de tres articulaciones, y esa definición resume bastante bien su aportación. Un arco de tres articulaciones no es un capricho formal: permite que la estructura se acomode mejor a pequeñas deformaciones y a cambios de apoyo. La línea de empujes, es decir, el recorrido ideal de las compresiones dentro del arco, se vuelve más fácil de controlar si la geometría está bien resuelta.

Para verlo con más claridad, la diferencia con el enfoque habitual de la época puede resumirse así:

Aspecto Enfoque habitual Enfoque de Maillart Qué gana el puente
Geometría Formas pesadas o copiadas de la piedra Arcos y tableros integrados con secciones delgadas Menos material y una lectura estructural más clara
Relación entre piezas Elementos más separados y jerarquías rígidas Arco, tablero y costillas trabajando como un sistema Mejor reparto de esfuerzos
Proceso constructivo Se piensa primero en el resultado final Se diseña teniendo muy en cuenta la ejecución Menos improvisación en obra
Adaptación al material El material se fuerza para parecer otra cosa El material define la forma Más eficiencia y menos artificio

Lo interesante es que esa lógica no solo produce puentes bonitos; produce puentes coherentes. Y cuando la coherencia estructural existe, la obra envejece mejor, se entiende mejor y suele exigir menos concesiones para mantenerse en servicio.

Con esa idea en mente, tiene sentido mirar algunas obras concretas, porque ahí se ve de verdad cómo resuelve cada caso.

Puente de hormigón de **Robert Maillart** sobre un río rocoso, con colinas boscosas al fondo.

Sus puentes más representativos y lo que enseñan

Si uno quiere entender a Maillart sin perderse en teoría, conviene empezar por el Salginatobel, terminado en 1930. Tiene un vano principal de unos 90 metros y se ganó su sitio en la historia no solo por la audacia formal, sino porque fue la propuesta más económica entre 19 candidaturas. Eso ya dice bastante: su enfoque no era caro por ser refinado; era refinado porque estaba bien pensado.

Otro caso decisivo es el puente de Schwandbach, de 1933. Aquí el interés está en cómo resuelve una traza curva y un arco de hormigón armado muy esbelto. El tablero más rígido ayuda a estabilizar el conjunto, y esa relación entre rigidez del tablero y ligereza del arco es una lección clásica de diseño. Cuando la geometría del trazado no es recta, el puente deja de ser un objeto neutro y pasa a ser una pieza que debe negociar torsión, curvatura y apoyos.

Maillart ya había experimentado antes con Tavanasa, donde ensayó una versión temprana del arco de tres articulaciones. Esa obra es importante porque muestra que su gran madurez no nació de la nada; fue una evolución técnica bastante disciplinada. A mí me interesa mucho ese punto: detrás de los iconos siempre hay pruebas, iteraciones y decisiones de obra muy concretas.

Puente Fecha Rasgo distintivo Lección práctica
Salginatobel 1930 Arco cajón hueco de tres articulaciones La economía de material puede ir de la mano de una gran elegancia estructural
Schwandbach 1933 Arco reforzado por un tablero más rígido La esbeltez necesita estabilidad global, no solo resistencia local
Tavanasa Primeros años del siglo XX Ensayo temprano de arco de hormigón armado Las soluciones maduras suelen nacer de prototipos mejorados

Si comparo estas obras, veo una constante: la estructura no está luchando contra el paisaje, sino organizándose para responder a él. Y ahí aparece la parte que más interesa cuando hablamos de puentes sobre valles o desfiladeros, porque el terreno no es un decorado; es parte del sistema resistente.

Justamente por eso conviene entrar en el plano geotécnico, que es donde muchas ideas bonitas se confirman o se desmoronan.

Qué enseña su obra sobre cimentaciones, taludes y terreno

En un puente de arco, las cargas no bajan de forma vertical y simple; se transforman en empujes horizontales que deben cerrar bien en los apoyos. Eso significa que la cimentación y la geología del emplazamiento no son un capítulo secundario. Son la condición de posibilidad de la propia forma. Si el apoyo falla, el arco deja de ser una solución eficiente y se convierte en una estructura delicada.

En el Salginatobel, por ejemplo, la propia configuración del desfiladero permitía trabajar con las paredes rocosas como soporte natural del arco, reduciendo la necesidad de estribos masivos. Esa idea es muy maillartiana: cuando la roca ofrece una base fiable, la estructura puede afinarse; cuando el terreno es peor, la prudencia manda y el diseño cambia. No hay un detalle formal que sustituya un mal estudio del terreno.

Si yo tuviera que aplicar su lógica hoy en una obra real, miraría al menos estos factores:

Factor geotécnico Por qué importa Qué puede provocar si se ignora
Capacidad portante Define cuánto puede transmitir cada apoyo sin hundimientos excesivos Asientos diferenciales y fisuración
Estabilidad de taludes Condiciona la seguridad de accesos, estribos y plataformas de obra Deslizamientos y sobrecostes de contención
Calidad de la roca o del estrato competente Determina si el empuje del arco puede cerrarse con fiabilidad Refuerzos, anclajes o cambio de tipología
Agua subterránea y drenaje Controla presiones, erosión y pérdida de capacidad del terreno Inestabilidad a medio plazo
Fase constructiva La secuencia de ejecución puede cargar de forma desigual la estructura Deformaciones no previstas durante el montaje

La conclusión es bastante directa: un puente con vocación maillartiana solo funciona si el terreno está estudiado con rigor. A mí me parece una lección muy actual, porque todavía se cae en el error de admirar la forma final y olvidar el trabajo previo que la hace viable.

Y ahí enlaza muy bien con uno de los problemas más frecuentes cuando se habla de su legado: copiar la imagen sin copiar las condiciones que la hicieron posible.

Errores al copiarlo sin entender la estructura

La obra de Maillart ha generado muchísima admiración, pero también imitaciones superficiales. El problema no está en inspirarse en él; el problema es reducirlo a una silueta elegante y perder la lógica que sostiene esa silueta. Yo diría que los errores más comunes son estos:

  • Tomar la esbeltez como un fin en sí mismo, cuando en realidad es una consecuencia de un buen reparto de esfuerzos.
  • Copiar el arco sin estudiar el empuje horizontal en los apoyos y la calidad del terreno donde descarga.
  • Ignorar la secuencia constructiva, que en estas estructuras puede cambiar mucho el comportamiento intermedio.
  • Asumir que lo ligero es frágil, cuando muchas veces ocurre lo contrario: la estructura ligera bien pensada es más eficiente que una masiva mal resuelta.
  • Olvidar el drenaje, la erosión y el mantenimiento, que en obras de valle o montaña marcan la diferencia con los años.

También hay una confusión estética bastante frecuente: pensar que lo importante en sus puentes es que “parecen flotantes”. No. Lo importante es que no sobran piezas, no sobran kilos y no sobra discurso. La apariencia ligera es valiosa porque refleja una decisión técnica correcta, no porque sea un efecto visual buscado a cualquier precio.

Por eso, cuando se estudia su legado en 2026, lo sensato no es repetir sus formas, sino repetir su disciplina de diseño. Y eso nos lleva a una idea final que conviene dejar bien fijada.

Lo que conviene recordar cuando un puente cruza una ladera

Si algo deja claro el trabajo de Maillart es que un puente no empieza en el tablero ni termina en la fotografía final. Empieza en el terreno, sigue en la cimentación y solo después se convierte en estructura visible. Esa secuencia, que parece obvia, se olvida con facilidad cuando se privilegia la imagen sobre la lógica resistente.

  • Cuando la roca es buena, el arco puede ser una solución muy eficiente.
  • Cuando el talud es inestable, el diseño debe adaptarse antes de que aparezcan problemas en obra.
  • Cuando la cimentación es dudosa, la forma más elegante suele ser también la más prudente.

Yo me quedo con una idea muy simple: los mejores puentes no son los que más impresionan al primer vistazo, sino los que siguen teniendo sentido cuando miras dónde apoyan, cómo se construyen y qué le piden realmente al terreno. Esa es la vigencia real de Maillart.

Preguntas frecuentes

Dejó de copiar formas de piedra o acero y permitió que el material definiera la geometría. Así consiguió puentes más ligeros, con una lectura estructural más clara y mejor reparto de esfuerzos entre compresión y tracción.

Porque resume su manera de pensar: es un arco cajón hueco de tres articulaciones, terminado en 1930, con un vano principal de unos 90 metros. Además, fue la propuesta más económica entre 19 candidaturas, así que la elegancia no fue una concesión al coste sino el resultado de un buen diseño.

Que un arco no funciona solo por la superestructura: las cargas se convierten en empujes horizontales que deben cerrarse bien en los apoyos. Por eso importan la capacidad portante, la estabilidad de taludes, la calidad de la roca y el drenaje; si el terreno no acompaña, conviene cambiar la tipología o reforzar el diseño.

El más común es copiar la esbeltez como si fuera un objetivo por sí mismo. También se suele ignorar el empuje horizontal en los apoyos, la secuencia constructiva y el mantenimiento, cuando precisamente ahí está buena parte de la eficacia de sus puentes.

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Álvaro Rentería

Álvaro Rentería

Soy Álvaro Rentería y tengo cuatro años de experiencia en el campo de la ingeniería geotécnica, con un enfoque especial en taludes, cimentaciones y suelos. Desde que comencé mi carrera, me he sentido atraído por la complejidad de los suelos y cómo estos influyen en la estabilidad de las estructuras. Me motiva ayudar a otros a comprender estos conceptos, ya que creo que una buena base de conocimiento puede prevenir problemas en proyectos de construcción. En mis escritos, me esfuerzo por ofrecer información útil, precisa y actualizada, simplificando temas complejos para que sean accesibles. Me gusta comparar diferentes enfoques y tendencias en el área, siempre verificando mis fuentes para garantizar la calidad de lo que comparto. Mi objetivo es que los lectores encuentren en mis artículos una guía clara y comprensible que les ayude a navegar en el fascinante mundo de la ingeniería geotécnica.

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